El 2 de Febrero se celebró el Día Mundial de los Humedales en conmemoración al acuerdo firmado hace 50 años en Ramsar por Irán y al que se sumó Argentina hace 30 años.
El cuidado de los humedales se volvió una cuestión central y no hace falta ser muy entendido en el tema para notar cómo las frecuentes olas de calor, las bajas de los ríos y las alertas ígneas son realidades que nos circundan ¿Esto qué significa, cómo repercuten en nuestras vidas los humedales? Vamos por partes.
Según la Convención Internacional Ramsar los humedales son todas aquellas “extensiones de marismas, pantanos y turberas, o superficies cubiertas de aguas, sean éstas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda de seis metros”.
Los humedales son uno de los ecosistemas más productivos del mundo, de hecho, se estima que el 40% de la biodiversidad mundial vive o se reproduce en ellos. Además, son grandes filtros depuradores y reservorios de agua dulce y tienen alta productividad.
Argentina cuenta 22 humedales, distribuidos en diferentes ecosistemas. En total en nuestro país ocupan más de 600.000 km² que equivalen al 21,5% de la superficie del territorio.
Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, en la región del Delta del río Paraná, los bienes y servicios ecosistémicos que provee este humedal benefician al desarrollo y la calidad de vida de más de 15 millones de personas. Entre sus principales servicios se encuentran la regulación de inundaciones, la depuración de agua, la retención de sedimentos, carbono y xenobióticos, la formación de suelos y la provisión de alimentos, maderas y fibras.
Sin embargo, la quema de humedales está generando su rápida desaparición y en consecuencia los focos ígneos se vuelven incontrolables, los ríos se secan, escasean las lluvias y otros tantos problemas ambientales.
De las acciones más inmediatas que necesitamos para revertir esta situación es una Ley de Humedales. La misma necesita de un proyecto que tenga como objetivo la creación de un inventario de humedales y el establecimiento de presupuestos mínimos para su conservación. Presupuestos que deben encargarse de cumplir el Estado Nacional y las provincias involucradas.
Por tercera vez en diez años, la Comisión de Recursos Naturales le dió dictamen a la iniciativa aunque nunca llegó al recinto de los diputados. Es decir, el proyecto nuevamente perdió estado parlamentario. En pocas palabras: al Estado no le resulta urgente solucionar la urgencia ambiental.
Pareciera que desde nuestro lugar de ciudadanos nada puede hacerse. Pero la esperanza es lo último que se pierde y la vemos en los jóvenes, aquellos que saben que les estamos dejando un mundo hecho pedazos y que buscan, constantemente, generar acciones para frenar el cambio climático, resistir y luchar.
En este sentido, hacen uso de las armas que más conocen y mejor manejan: internet y las redes sociales. Las nuevas generaciones encontraron en el infoactivismo una forma de protestar, de hacerse escuchar y de luchar por sus derechos.
Es así que encontraron en el mundo digital una forma de resistencia pacífica y un espacio para dar a conocer al mundo los problemas sociales, ambientales y políticos. En este marco, el hashtag #LeydeHumedalesYA en Twittter, Instagram, Facebook, Twitch y otras redes, busca concientizar sobre la importancia de la conservación de estos ecosistemas de biodiversidad única.
«Con #LeydeHumedalesYa estamos defendiendo nuestra propia vida» afirman desde el artivismo por los Humedales. La realidad es que sin humedales no hay forma de regular los cambios climáticos.
El infoactivismo, el artivismo – arte para crear conciencia y causar conmoción en el público a través de la mirada del artista- y el craftivismo – artesanías para crear conciencia- son nuevos tipos de activismo, de suma importancia, que incluyen internet para generan impacto en la sociedad logrando, muchas veces, acciones concretas.