Ecofeminismo como bandera

Opinión. Por Agustina Elizalde

Por Agustina Elizalde

Aunque a simples rasgos parezca que la ecología y el feminismo son movimientos diferentes, a lo largo de la nota veremos que son corrientes de pensamiento articuladas entre sí. No se trata de un término nuevo, solo tal vez, poco reconocido.
La historia nos ha demostrado el rol fundamental de la mujeres en las distintas movilizaciones populares, puntualmente en nuestro continente, en donde las manifestaciones, el “salir a la calle” y las protestas funcionan como herramienta para la ampliación y validación de nuestros derechos.
Ahora bien, el feminismo como corriente de pensamiento teórica contiene muchas ramas y el ecofeminismo es una de ellas. Pero, para entender mejor partamos de la base ecofeminista ¿Qué busca? ¿Quiénes la integran? ¿Cuál es su modo de ver las cosas?
Este movimiento Interseccional fundado en las calles, en lo popular antes de ser reconocido en un marco teórico, nos propone repensar nuestro vínculo con la naturaleza, ligados a los sistemas de producción y consumo, entendiendo que el sistema patriarcal en el que vivimos actúa en todas las dimensiones de nuestra vida. Entonces “Para el ecofeminismo, tanto el dominio o la marginación de un género sobre otro, como el dominio del humano sobre la naturaleza se expresan en una misma lógica de dominación” Nos lo dice la escritora ecofeminista Maristella Svampa.
Es en este punto en donde tenemos la certeza de que la opresión en cuestiones de género y sobre la naturaleza devienen de un mismo sistema, lo que busca el ecofeminismo es cuestionar al patriarcado desde una perspectiva colectiva, alejada de una idea liberal-individual, poniendo en el centro del debate el concepto “territorio-cuerpo” o “cuerpo como territorio” ¿Qué significa esto? Que la defensa de nuestro territorio y ambiente se encuentra en la misma jerarquía que la de nuestros cuerpos, frente a la explotación cultural, económica y política. La economía feminista hace foco en el trabajo reproductivo, invisibilizado, no reconocido de la mujer, en el ecofeminismo esos mismos puntos son los que se buscan trabajar con la naturaleza, sin perder de vista la relación directa con el rol de la mujer y las disidencias.
No podemos separar las cuestiones de género y feminismo con las ambientales y ecológicas, en el marco de nuestra actual crisis ecológica es fundamental repensar nuestros modelos de vida con una perspectiva feminista y sustentable, que inevitablemente, vienen de la mano con la búsqueda de una sociedad más equitativa e igualitaria. Entiendo que desde la teoría todo suena utópico y fantasioso, pero la realidad nos muestra con hechos que es posible empezar a demoler las bases culturales que nos condicionan a una vida desigual para nosotros y para nuestros ecosistemas.
Las madres del Barrio Ituzaingó, en la ciudad de Córdoba son un claro ejemplo de que el ecofeminismo como bandera logra grandes cosas. Gracias a ellas con sus movilizaciones y denuncias sobre los impactos del glifosato sobre la salud, lograron concretar el primer juicio penal sobre este tema en nuestra historia. También la resistencia de las mujeres mapuches frente al fracking y al terricidio en Neuquén de la mano de Cristina Lincopan y Moira Millán dos grandes activistas en el tema.
La gran militancia y participación de docentes, amas de casas, comerciantes y mujeres civiles en contra de la megaminería en La Rioja son ejemplos contemporáneos claves que demuestran lo significativa que es la participación de las mujeres y disidencias en las distintas luchas sociales ancladas a las causas ambientales. Sin ir más lejos, las mujeres de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT) una cooperativa de alimentos agroecológicos, inauguraron un refugio para víctimas de violencia de genero el 19 de diciembre de 2020, ubicado en Lisandro Olmos, localidad de la zona hortícola del Gran La Plata.
“Pensamos el refugio porque concretamente en los acompañamientos que hacemos las promotoras rurales de género surge la situación de qué hacer cuando las medidas de restricción y las medidas que pedimos en un caso de violencia no llegan, tardan o si llegan, la quinta, el lugar de trabajo de la compañera sigue dependiendo de un acuerdo entre varones con lo cual el dueño de la tierra no accede a que la mujer se quede porque estamos en este sistema patriarcal y nos terminábamos llevando a las compañeras a nuestras casas o saliendo a buscar una vivienda para alquilar o un laburo con casa”, explicó Rosalía Pellegrini, coordinadora nacional de la secretaria de genero de la UTT.
El ecofeminismo existe antes de que tenga una etiqueta siquiera, no funciona de manera desapegada a otras ramas ni tampoco se trata de un movimiento independiente a los demás. No todas las personas que se identifican como feministas, al mismo tiempo, se sienten interpeladas por las cuestiones ambientales, esto no esta mal ni tampoco es una obligación. El objetivo no es correr por derecha o por izquierda a las personas que no militan estas cuestiones, lo que buscamos las ecofeministas es hacer llegar el mensaje de que es posible y necesario trabajar un cambio estructural en conjunto para generar espacios de contención y reivindicación de nuestros cuerpos como sujetos sociales, políticos y culturales, acoplado a la idea de que nuestros ambientes no deben estar exentos de esta transformación.

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