Hace tiempo venimos hablando de las consecuencias del cambio climático. Científicos afirman que algunas de ellas ya son irreversibles. Una de ellas repercute directamente en la agricultura.
Si las necesidades políticas y económicas se siguen anteponiendo a las ecológicas y humanas, algunos alimentos podrían desaparecer de nuestra dieta cotidiana.
Las manzanas americanas, son uno de esos alimentos. Los constantes incendios de California, Estados Unidos, ocasionaron que las manzanas adquieran una bacteria propia de esta fruta. Además, la intensa luz solar daña la piel de este fruto, por lo que ya no se venden para el consumo directo.
Otro de los alimentos de consumo diario que está en peligro de extinción es el Café. Un estudio publicado en 2017 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), demostró que las áreas aptas para el cultivo de café en América Latina, la principal región productora del mundo, se pueden ver reducidas hasta en un 88% en 2050.
La clave está en los polinizadores: es difícil que las abejas puedan adaptarse a las nuevas condiciones. Las altas temperaturas obligarán a trasladar las plantaciones a mayor altura.
Otro alimento que se encuentra en situación crítica es el trigo y el maíz. El maíz es altamente dependiente de la lluvia, por lo que las altas temperaturas y sequías no son buenas.
Según el estudio del Instituto del Medio Ambiente de Estocolmo, la producción de trigo puede parecer más estable, pero en un período de tiempo considerable va a requerir de una redistribución lo que significaría un «coste significativo y consecuencias negativas para los productores actuales», de acuerdo con el informe.
Hay otros alimentos en peligro, como el cacao, sin embargo no es algo que vaya a desaparecer bruscamente de momento.
Lo más probable es que se vaya reduciendo la producción, lo que provocará un aumento del precio permitiendo solamnete a los más pudientes consumir estos productos.