Un grupo de jóvenes tuvieron la idea de enterrar una caja con objetos personales hasta que alguien la encontrara. Pensaron que quizás pasarían 50 años y sería gracioso ver la cara de sorpresa de la gente si escarban en el terreno y la sacan.
Son las cápsulas del tiempo. Pequeños cofres que todos hemos fantaseado alguna vez con ocultar con la esperanza de que se encuentren muchos años después. La sensación es la misma que la de los mensajes lanzados en una botella al mar. Dejar los deseos o sentimientos o los hechos concretos, en un sitio que alguien, en otro lugar o en otro tiempo, pueda sacar a la luz.
Pasaron 100 años. Y todo un país fue el testigo de un hecho insólito: el de la apertura de un sobre que había permanecido cerrado durante tantos años con el único mensaje escrito en él que decía; No abrir hasta el año 2012.
Misterios, riquezas, pruebas perdidas; todo eran elucubraciones de la fantasía popular de la gente. Cien años debieron ocultar algo importante ocurrido en 1912, y más cuando ese sobre había sido llenado y cerrado por el propio alcalde de la ciudad de Otta, en Noruega.
En agosto de 2012 el histórico evento fue retransmitido en directo por la cadena noruega VG TV y miles de personas estuvieron expectantes para ver lo que contenía aquel sobre de más de 3 kg. Tamaño más que suficiente para guardar sus buenos secretos políticos por ejemplo.
Los historiadores se encargaron de confirmar que allí no había ni oro ni plata ni nada que pudiera comprometer al país. Sólo apuntes contables de la época sin más importancia que la de la curiosidad de ver los costos de aquellos tiempos, unos estandartes con los colores nacionales noruegos, una bufanda blanca que al parecer le había regalado el rey noruego al