La paradoja de la elección: por qué vivimos insatisfechos 

Vivimos en la era de las opciones. Al alcance de un click podemos comprar un kilo de helado, un auto, un viaje a Europa o lo que se te ocurra. Podemos elegir si tener hijes o no, los mandatos no nos pertenecen, elegimos desde lo que queremos comer hasta nuestra propia identidad. A cada oportunidad se le suman múltiples ofertas.

Nuestra sociedad registra un alto grado de insatisfacción constante. Se nos dijo, y aceptamos, que un alto nivel de vida, un alto nivel de satisfacción tenía que ver con la cantidad de opciones que tengamos, sin embargo,  la opción más bien se convierte en un problema.

En su libro, La paradoja de la elección: por qué más es menos, el científico Barry Schwartz habla del dogma oficial de todas las sociedades industriales, a las que nosotros pertenecemos:

“Si estamos interesados en maximizar el bienestar de nuestros ciudadanos, la manera de hacerlo es maximizar la libertad individual. La manera de maximizar la libertad, es maximizando las opciones”

¿Me tengo que casar ahora? ¿Tengo que tener hijos? Son preguntas sumamente avasalladoras. A donde sea que miremos, cosas grandes y pequeñas, cosas materiales o emocionales: la vida es una cuestión de elección.

Barry Schwarzt afirma que la cuestión de elegir tiene dos efectos negativos. El primero es que produce parálisis antes que elección. La procrastinación tiene que ver con esta cuestión: ante la imposibilidad de elegir entre tantas opciones, posponemos y cuando posponemos no elegimos.

El segundo efecto tiene que ver  con el estado de satisfacción: una vez realizada la elección tendemos a estar menos satisfechos de lo que estaríamos si hubiésemos tenido menos opciones.Es muy fácil imaginarnos qué hubiésemos podido hacer una elección diferente que hubiese sido mejor: cuanto más opciones hay  más fácil es lamentarse por lo no elegido.

Lo que los economistas llaman costo de oportunidad en realidad es la causa por la cual no sentimos plena satisfacción cuando tenemos lo que elegimos.

Finalmente nos encontramos con un alto nivel de expectativas. Ante una cantidad abrumadora de opciones, nuestras expectativas sobre un producto, un lugar, una persona se vuelven enormemente insuperables. Y ante la imposibilidad de encontrar aquello perfecto, nos decepcionamos. 

La razón de que  todo era mejor antes, cuando todo era peor, es porque cuando todo era peor la gente tenía efectivamente la posibilidad de tener experiencias que sean sorprendentemente placenteras. La gran paradoja final es: cuantos menos límites tenemos, cuánto más ilimitadas sean nuestras opciones, tendemos a tener menos libertad y más parálisis.

 

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