Belén López Peiró nació en la ciudad de Buenos Aires en 1992. Pasó su infancia en Santa Lucía, provincia de Buenos Aires a donde no volvió después de los 22 años. Se fue del país y a los 26 decidió contar porque no había vuelto más al lugar que le había arrebatado su infancia.
Por qué volvías cada verano (2018) y Donde no hago pie (2021) son dos novelas que comunican con silencios, emocionan con la incomodidad y generan una relación obra-lector en constante tensión, sabiendo este último que todo lo que lee es un testimonio verídico.
El primer libro cuenta la historia de abuso que sufrió la escritora durante su adolescencia, por parte de su tío comisario. El segundo, el proceso judicial por la denuncia realizada.
Se trata de relatos crudos, cortados, polifónicos, fiel a la novela literaria contemporánea. Discursos rotos que transmiten una sensación de abandono constante, de confusión, de soledad, de introspección. Es una búsqueda de explicaciones en la que no se encuentra un refugio consolador.
«Y entonces, ¿Por qué volvías cada verano? ¿Te gusta sufrir? ¿Por qué no te quedabas en tu casa? Allá en Capital, cagándote de calor. Ah. No. Cierto que no podías, que no tenías a nadie para que te cuide. Con más razón. Encima de que te ayudamos, de que te dimos una familia, nos hiciste esto»
Por qué volvías cada verano (2018) tiene. un discurso marcadamente polifónico y transmite una sensación de desespero y confusión constante. Mientras que en Donde no hago pie (2021), podemos leer un discurso interno, más protagonizado por el Yo, donde, como lectores, seguimos el proceso personal de la protagonista en lo que verdaderamente es un laberinto judicial.
La lectura de ambas novelas reproducen todas las angustias, miedos y paralizaciones que pueden generar atravesar una situación así. Es el abuso hecho palabra. La tensión del silencio nos hace vivir como lectores el rechazo, el disgusto y la impotencia de no poder actuar ante un hecho tan repugnante.
Belén cuenta que la ficcionalización de su vida, lo que hoy se llama relato no-ficcional, tuvo como objetivo la búsqueda de sanción, de reparación, de justicia. Una justicia que en su caso y la mayoría de las veces, lo único que hace es revictimizar.
“El libro fue catártico en un primer momento, al volcar las voces que aparecen en el libro, las voces de la familia, de la justicia, de las instituciones que rodean a cualquier mujer que denuncia ante la justicia, tanto en Argentina como en México; sin embargo, después se dio un segundo momento que tuvo que ver con el trabajo literario, porque de formación académica soy periodista, estudié ciencias de la comunicación, y la palabra, el lenguaje, siempre fueron centrales”
La catarsis y necesidad de contar su verdad y sus silencios, tomo forma literaria en un taller de literatura. Su impacto fue tan grande que, como lo cuenta en el segundo libro, fue inspiración para muchas mujeres: todos los días se levanta con un mensaje de una mujer, y todas tienen algo en común: el querer contar su historia.
Una historia que se prolonga en un segundo discurso, Donde no hago pie. La búsqueda incesante, agobiante y eterna de justicia en un sistema en el que la víctima parece estar constantemente en el banquillo de los acusados, demostrando incesantemente sus pruebas, atravesando una y otra vez el dolor del hecho, pidiendo desesperadamente que le crean.
La ola feminista que estamos transitando también ayudó a que el relato estremecedor, la rapidez de la lectura y el éxito que significaron las dos novelas biográficas de Belén, puedan sentar precedente en la importancia de dar testimonio.
Porque el feminismo no esta solo en las calles, la lucha también está en lo que consumimos: los libros, las series, la televisión. Sentar precedente también es hacer saber que no es no cuando le decimos que no al discurso del otro, sabiendo que tenemos la posibilidad de contar nuestra propia historia.