Escribo desde algo que se aferra a la garganta y no encuentra el grito. El adormecimiento cis masculino es algo que me aterra, por lo conocido y potencialmente devastador.Recuerdo que cuando hace poco más de un año escuchaba en nuestro actual presidente, el tan conocido lapsus “Venimos para ser mujeres(mejores)”, se me dibujó una sonrisa con cierto gusto a esperanza. Supongo que pensaba en la posibilidad de empezar a mover ciertos cimientos tan poderosos dentro de la matriz cisheteropatriarcal, esa que construye nuestras identidades de género, nuestros gustos, formas de pensar, de vestir, actuar, etc. En realidad no sé bien en que pensaba, pero intuía una vaga idea de poder, que como varones cis, nos corramos un poco del centro y dar lugar a un movimiento que viene pidiendo justicia y luchando por la ampliación de derechos desde hace décadas. Pues déjenme decir que luego de escuchar a Alberto Fernández decir que estamos tirando al patriarcado, caí en la cuenta de que aquella vez sólo escuchaba a otro varón cis pretendiendo ser algo que nunca podremos. No tenemos que ser mujeres, ni si quiera gastar esfuerzos en intentar “ponernos en su lugar”. ¡No tenemos que ser como ellas! Tenemos que empezar a repensarnos nosotros mismos; a nuestras prácticas, nuestras formas de ejercer abusos y violencias y a los estereotipos que nos conforman.Veo en las redes a varios varones, la gran mayoría cis-hetero, hablando del femicidio de Úrsula y llenando las redes del hashtag #Niunamenos #justiciaporUrsula. Tampoco me sorprendería encontrar alguno que diga #TodosSomosUrsula. Pues déjenme decirles que NO. No somos ella, jamás podríamos serlo.Mientras que en los grupos de whatsapp, en las charlas cotidianas, el silencio es casi total. Aquí no ha pasado nada. No es una noticia que haya que analizar, ni si quiera que preocupe. Una vez más, el silencio cómplice, adormecimiento, no se siente, no se piensa, no se habla.Nuevamente el acento está en la víctima y no en quien ejerce la violencia, en este caso Matías Ezequiel Martínez un miembro de la policía bonaerense. Una institución construida a partir de los cimientos de la violencia. La misma que acribilló a balazos a lxs compañeros y amigos de la víctima que fueron a pedir justicia frente a la comisaría.Dejemos de poner la mirada en las mujeres y en las víctimas y empecernos a poner el acento en los violentos, los femicidas, los abusadores, en nosotros mismos. Sí, en nosotros mismos, porque todos somos Matías, o al menos, todos podemos serlo.
Por Nicolás Giorasi