por Diana Della Bruna
La violencia policial no es sólo física, sino que el hostigamiento también incluye violencia psicológica, maltrato verbal y gestual, que afecta la dignidad y la integridad de lxs jóvenes. Esta violencia se evidencia en las prácticas cotidianas de la policía, las revisaciones y requisas en la vía pública, las detenciones por averiguación de identidad, las agresiones físicas arrojándolxs al suelo o apretando las esposas…
Está orientada principalmente a jóvenes con determinadas marcas identitarias, que visten ropa deportiva o usan gorra, que pertenecen a barrios pobres, vulnerados, y no se les “permite” o “perdona” circular o permanecer en barrios céntricos o residenciales en determinados horarios. Se persigue a esas identidades partiendo también de discursos que enfatizan la “seguridad” y que involucran la complicidad vecinal.
La policía, como institución, está formada en estas prácticas sistemáticas de persecución a los sectores populares y, también, a aquellos que están organizados en movimientos sociales. Siendo el brazo represivo del Estado, cumplen la función coercitiva dentro del sistema hegemónico. Por un lado, en represiones a manifestaciones sociales y, por otro lado, en la persecución de jóvenes excluidos, muchas veces, termina en casos de Gatillo Fácil.
Durante la pandemia, la institución se vio empoderada con un discurso de heroísmo y sacrificio que la colocaba en un lugar de salvaguarda de la salud pública. Esto fortaleció la impunidad de sus prácticas represivas y un discurso social de mayor aceptación de las mismas.
Está orientada principalmente a jóvenes con determinadas marcas identitarias, que visten ropa deportiva o usan gorra, que pertenecen a barrios pobres, vulnerados, y no se les “permite” o “perdona” circular o permanecer en barrios céntricos o residenciales en determinados horarios. Se persigue a esas identidades partiendo también de discursos que enfatizan la “seguridad” y que involucran la complicidad vecinal.
La policía, como institución, está formada en estas prácticas sistemáticas de persecución a los sectores populares y, también, a aquellos que están organizados en movimientos sociales. Siendo el brazo represivo del Estado, cumplen la función coercitiva dentro del sistema hegemónico. Por un lado, en represiones a manifestaciones sociales y, por otro lado, en la persecución de jóvenes excluidos, muchas veces, termina en casos de Gatillo Fácil.
Durante la pandemia, la institución se vio empoderada con un discurso de heroísmo y sacrificio que la colocaba en un lugar de salvaguarda de la salud pública. Esto fortaleció la impunidad de sus prácticas represivas y un discurso social de mayor aceptación de las mismas.