En plena Puna salteña funcionó uno de los establecimientos azufreros más importantes del país. Tras su cierre, las viviendas y edificios quedaron abandonados.
Durante años, La Casualidad fue un pueblo minero de la Puna salteña que creció alrededor de la explotación de azufre de la Mina Julia y llegó a tener 3000 habitantes. Sin embargo, en la actualidad es una localidad fantasma ubicada a más de 4100 metros sobre el nivel del mar.
El impacto de la mina fue tan grande que, mientras estaba activa, trabajadores y familias vivían en el lugar. Incluso, llegaron a funcionar escuelas, una iglesia, un cine, un hotel, una confitería, canchas de diversos deportes, correo y varios servicios básicos.
Sin embargo, una de las principales curiosidades era el sistema mediante el cual se transportaba el azufre: un cable carril de 15 kilómetros conectaba la Mina Julia con la planta de procesamiento ubicada en el pueblo.

Cómo funcionaba la mina de azufre que llegó a tener 3000 habitantes
En la década de 1940 comenzó la explotación minera en la zona, con la extracción de azufre en la cordillera salteña como principal actividad. A medida que creció la industria, el poblado se expandió considerablemente.
La Mina Julia, ubicada cerca de la frontera con Chile, servía como punto de extracción de azufre a más de 5000 metros de altura. Una vez retirado, el mineral era trasladado mediante un cable carril hasta La Casualidad, donde ingresaba a una planta para ser procesado.
Tras el procesamiento, era trasladado en camiones hasta la estación de tren de Caipé, desde donde era transportado hacia la ciudad de Salta a través del ramal C-14 del Ferrocarril Belgrano.
Durante el momento de mayor actividad de la mina, La Casualidad llegó a tener cerca de 3000 personas viviendo en el lugar, entre las que había trabajadores, profesionales de la planta, comerciantes y sus respectivos familiares.
Por qué La Casualidad se convirtió en un pueblo fantasma
Sin embargo, durante la segunda mitad de la década de 1970 la actividad comenzó a desaparecer lentamente. Debido a esto, el establecimiento cerró, lo que llevó a que las personas que habitaban ahí tuvieran que mudarse de manera progresiva a otras localidades.
Las viviendas, instalaciones industriales y edificios públicos comenzaron a deteriorarse con el abandono a lo largo de los años. Actualmente, hay más de 100 estructuras en ruinas que quedaron como vestigio del pasado minero.

De esta manera, un lugar que llegó a tener miles de habitantes quedó pausado en el tiempo. En los Andes salteños es posible observar las construcciones abandonadas y los restos de la infraestructura minera que supo ser el sostén económico del pueblo décadas atrás.
