Desde el Ejecutivo señalan un aumento en la imagen del Presidente y diseñan una estrategia basada en reformas, economía y seguridad, mientras mantienen en reserva cambios previsionales y constitucionales para un posible segundo mandato.
Tras la salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete, el Gobierno registró un repunte en la imagen de Javier Milei, que según las mediciones internas del espacio libertario ascendió de aproximadamente 33 o 34 puntos a cerca de 38.
Desde Nación interpretan esta suba como un signo de recuperación luego del desgaste provocado por el caso Adorni, que había paralizado parte de la agenda oficial y motivado un reordenamiento ministerial. La incorporación de Diego Santilli y el relanzamiento del diálogo con gobernadores habrían contribuido a darle un nuevo impulso al Presidente.
Además, en la Casa Rosada relacionan este movimiento con las expectativas generadas por la reforma electoral, y aseguran que si el Congreso aprueba la suspensión o eliminación de las PASO, reforzarán la campaña tanto contra el kirchnerismo como contra sectores opositores dialoguistas para las elecciones de 2027.
En paralelo, mantienen en reserva dos reformas clave para un eventual segundo mandato: la previsional y la constitucional. Desde Nación consideran que aunque no serán parte del discurso de campaña, constituyen las iniciativas más importantes en agenda.
El mandatario define la reforma previsional como una propuesta de segunda generación. Cabe recordar que Milei había manifestado que no impulsaría esta reforma en su gestión 2023-2027 y desplazó al extitular de ANSES cuando éste adelantó públicamente avances técnicos sobre el tema.
Por otro lado, evalúan una reforma constitucional de perfil liberal, que incluiría modificaciones en los plazos de las elecciones legislativas, aspectos fiscales, emisión monetaria e independencia del Banco Central.
Antes de ingresar en la etapa electoral, el Gobierno busca avanzar con una reforma tributaria o un acuerdo para la baja impositiva en 2028, con el objetivo de llegar a la campaña con una promesa concreta de alivio fiscal, sustentada en el mantenimiento del superávit y la continuidad del programa económico.
La Casa Rosada también planifica un esquema de visitas provinciales para la previa electoral, concentrando la presencia de Milei y los principales candidatos en distritos con mayor cantidad de votantes y relevancia para la competencia nacional.
Estas visitas servirán además como herramienta de negociación con gobernadores, ya sea que compitan juntos o no. En el oficialismo creen que la presencia presidencial, el despliegue territorial y la fotografía política serán elementos clave para los acuerdos distrito por distrito.
Desde La Libertad Avanza trabajan en un mapa detallado de entendimientos, con predisposición a negociar en CABA, Buenos Aires, Chaco, Entre Ríos, San Luis, Santa Fe, Santa Cruz y Chubut, siempre preservando la estructura nacional del espacio.
En contraste, el Gobierno planea mantener candidatos propios en provincias como Córdoba, Salta, Jujuy y Misiones. Por ejemplo, Romina Diez será la principal candidata a senadora en Santa Fe, y Bornoroni continúa firme para la gobernación en Córdoba.
Los acuerdos no se limitan a las listas electorales sino que abarcan financiamiento partidario, selección de candidatos competitivos, movilización militante y tono discursivo. En Nación ponen como ejemplo que no se recurrirá a acusaciones graves contra gobernadores para modular la confrontación según cada provincia.
Para la campaña, la Casa Rosada apuesta a mostrar las reformas ya sancionadas y las que enviarán próximo al cierre del mandato, entre ellas la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, las reformas de los códigos Penal, Civil y Aduanero, la reforma presupuestaria, la regla fiscal, seguridad y defensa.
Esta agenda se combinará con resultados macroeconómicos y de seguridad para contrastar el modelo kirchnerista, con Axel Kicillof como figura central de esa polarización.
Finalmente, Milei apunta a ordenar la interna para esta etapa. Santiago Caputo y las Fuerzas del Cielo no competirán en el armado territorial, pero colaborarán en estrategia, discurso y campaña. El objetivo es preservar las estructuras de poder en el Ejecutivo si Milei logra la reelección y abrir una segunda etapa de reformas con mayor fuerza política.
