No en vano es una persona que habitó Economía durante las gestiones de Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri (sic) y Alberto Fernández. Solo dejó la casa durante las tres semanas de interregno de Silvina Batakis en Economía. Pero su regreso es ahora con un upgrade importante, al darle Massa cierto poder fiscal sobre el diseño de las cuentas nacionales.
Su último acto de gestión como funcionario de Martín Guzmán fue diseñar los primeros lineamientos del Presupuesto 2023, respetando por orden de su exjefe las metas fijadas en el acuerdo con el FMI. Fundamentalmente dos puntos clave: un aumento de las reservas de u$s4.000 millones y un déficit fiscal de 1,9% del PBI. El primer dato es uno de los que Massa quiere rediscutir con el FMI, dado que este año no se cumplirá (y se estará lejos) de la promesa de unos u$s5.800 millones de aumento en las reservas. En el caso del déficit, y aunque este año también está en crisis la posibilidad de lograr un 2,5% del PBI, considera el equipo económico que será la mejor señal de austeridad posible consignar ante Washington que la idea de Massa y su gente es la de sostener la meta de desequilibrios entre ingresos y gastos primarios, en los niveles negociados por Guzmán y defendidos en la elaboración del primer boceto de Presupuesto por parte de Rigo.
Washington
Esto coincide con una realidad que Massa sabe que recibirá en su encuentro de Washington de la primera semana de septiembre. El FMI dejará en claro que no se aceptará una renegociación de las metas y objetivos planteados en el programa de Facilidades Extendidas aprobado por el board del organismo el 25 de marzo pasado. Sabe el ministro (y también Guzmán y Batakis), que no hay margen para que desde el FMI se acepten renegociaciones generales del acuerdo, ya que cualquier alternativa de este tipo siquiera puede ser tratada en el directorio. Y que, en consecuencia, siquiera sería elevada por el staff técnico del Fondo. Al menos no durante este 2022. Así, se mantendrían las metas de un déficit total de 2,5% del PBI, un punto porcentual de emisión y reservas en el BCRA aumentando 5.800 millones de dólares para este año.
Eventualmente, y si Argentina mostrara mucha buena voluntad en lograr las metas pero por algún motivo (como la invasión de Rusia a Ucrania) algunas de ellas no se terminaran de cumplir, podría negociarse un waiver (perdón o desvío). Esto sería recién en el primer trimestre de 2023. No antes. Aunque con la llegada de Rigo, también parecería cerrado para el próximo ejercicio lo firmado con el Fondo, con lo que no estaría bajo catálogo una renegociación del acuerdo, sino, eventualmente, un waiver. O similar.