Previamente, Jerome Powell definió que las autoridades tomarán las medidas necesarias para restaurar la estabilidad de precios, aunque frene la actividad económica. Esto genera una perspectiva de menor crecimiento y da continuidad a un complejo escenario de aversión al riesgo, que impacta negativamente en los países emergentes en general y en la Argentina en particular.
Isidro Guardarucci, economista en FIEL, destacó al respecto: “Cuando la Fed sube la tasa sucede que naturalmente se vuelve más caro endeudarse para los países, y también se hace más atractivo posicionarse en los bonos de la Fed que en activos de otros países del mundo. Entonces los capitales se van de los países emergentes, suelen irse a adquirir activos de la Fed y activos en dólares en Estados Unidos. Para los emergentes se abre este riesgo de ‘vuelo a la calidad’ y pérdida de activos”.
Por su parte, el economista Juan Manuel Bogarin, advirtió que el mercado descuenta una suba de 75 puntos básicos, y no descartaría una suba de inclusive 100 puntos básicos. “La Fed está dispuesta a bajar la inflación a cualquier precio, a pesar de que esto lleve a enfriar fuertemente la economía en el corto plazo. La contracara de esta situación es que luego de este shock, se esperaría que las medidas monetarias por parte de la Fed se relajen un poco, tal vez hacia mediados del año que viene. Desde el punto de vista de los mercados emergentes una suba de tasas siempre es una mala noticia, desde los rendimientos de deuda hasta el precio de los commodities que exporta cada uno de ellos, pero de nuevo, el mercado ya lo viene anticipando, ya está priceado en los activos en una gran medida”, planteó.
Asimismo, los movimientos de tasas de la Fed fortalecieron a la moneda estadounidense a nivel global, y llevó al índice dólar, que compara la divisa con una canasta de monedas, a valores máximos en 20 años. En consecuencia, un dólar fuerte empuja a una devaluación más rápida de las monedas de los países emergentes, entre ellos, los principales socios de Argentina. En este sentido, abre un escenario de mayor pérdida de competitividad del peso y aumenta las presiones cambiarias a nivel local.
Claudio Caprarulo, director en Analytica, señaló que “el debate respecto a la política monetaria contractiva que están llevando la mayoría de los bancos centrales del mundo es si eso producirá una nueva recesión o no”. Y amplió: “Por lo pronto las proyecciones de crecimiento para este año y el próximo son menores. En nuestro país presiona para aumentar el ritmo de devaluación dada la apreciación del dólar respecto al resto de las monedas. Al mismo tiempo dificulta el frente financiero, encarece el endeudamiento externo al que estos días quedo muy claro la Argentina deberá recurrir lo antes posible. Recientemente Kristalina Georgieva, directora del FMI, señalo el mayor impacto negativo en las economías en desarrollo con crisis de deuda. Ojalá eso se traslade en una posición flexible en la negociación con nuestro país”.