El especialista ambiental Juan José Neiff analizó el avance del fenómeno en el Pacífico y advirtió que la mayor complejidad no será solo la altura del río, sino la permanencia del agua en niveles altos, lo que afectará la desembocadura de los arroyos y la infraestructura vial.
A medida que las lecturas del Océano Pacífico Ecuatorial confirman el desarrollo de un evento de El Niño de gran magnitud, categorizado como «fuerte a muy fuerte» y con probabilidades de ocurrencia cercanas al 100%, los organismos técnicos y especialistas de la región ajustan sus proyecciones hidrológicas. Tras las advertencias emitidas por el INTA, la Entidad Binacional Yacyretá y la UNNE respecto de un trimestre con precipitaciones por encima de lo normal en la Mesopotamia, el reconocido biólogo y ambientalista Dr. Juan José Neiff detalló los plazos y la magnitud real que se espera para la cuenca del río Paraná.
Durante su análisis, Neiff expuso la situación térmica en el océano que desencadena el fenómeno: «En la zona del Pacífico Ecuatorial sigue creciendo la temperatura; en 10 días creció entre 0,2 y 0,8 grados. Eso significa que el calentamiento continúa y tenemos en los 300 metros superficiales 3 grados más que en la media histórica de 40 años».
Respecto a la llegada de las precipitaciones más intensas a Corrientes y al Nordeste argentino, el especialista estimó que «a partir de fines de octubre a noviembre vamos a empezar a tener lluvias fuertes». Asimismo, aclaró que las crecidas recientes observadas en el río Iguazú responden a un comportamiento habitual de fin de invierno y no constituyen aún un pico extraordinario derivado de El Niño.
El pico del Paraná y la serie histórica
Uno de los datos más salientes expuestos por el investigador radica en que la máxima crecida del río Paraná en la región no ocurrirá de manera inmediata ni en lo que resta del año. «No vamos a tener una situación de máxima inundación antes de marzo. De acuerdo a la información, con un 70% de probabilidad la máxima inundación en el Paraná va a llegar entre mayo y julio».

Para fundamentar su proyección, Neiff repasó el comportamiento del río durante los principales eventos de El Niño registrados en el último siglo:
- 1904-1905: El nivel máximo alcanzó los 8,56 metros en la escala de Corrientes el 4 de junio.
- 1929: Registró su pico de 7,37 metros el 11 de marzo.
- 1965-1966: La crecida llegó a 7,93 metros el 1 de marzo.
- 1982-1983: Tuvo lugar la mayor crecida histórica registrada, con una marca de 9,04 metros el 18 de julio.
- 1987-1988: Alcanzó los 7,70 metros en mayo.
- 1997-1998: Registró un máximo de 7,73 metros el 11 de mayo.
El verdadero riesgo: la permanencia de las aguas altas
Con el nivel de evacuación fijado por la prefectura en los 7 metros para el puerto de Corrientes, Neiff remarcó que el foco de la gestión ambiental y sanitaria debe ponerse en la duración del evento hidrológico. Al respecto, recordó el antecedente de la gran creciente de 1982-1983: «Una cosa es la altura que alcanza el río y otra es la permanencia. En la crecida del 82-83, el río estuvo por encima de los 7 metros desde el 29 de noviembre de 1982 hasta el 11 de agosto de 1983. Estuvo una cantidad de tiempo muy grande por encima del nivel de evacuación, lo que determina las exigencias de gestión en el manejo de los servicios de salud y de asistencia».
Asimismo, advirtió sobre el impacto secundario que genera un Paraná crecido sobre la red de drenaje provincial. «Con el tiempo de permanencia en aguas altas, el río tapona la salida de los arroyos. Esos arroyos son los que cruzan las rutas, descalzan las cabeceras de los puentes y terminan cortando los caminos».

Medidas preventivas en el sector productivo
Las proyecciones expuestas por Neiff coinciden con los llamados a la prevención realizados por otros sectores provinciales. Desde el Ministerio de la Producción de Corrientes, Walter Chávez recomendó recientemente a los ganaderos «empezar a alivianar los campos desprendiéndose de la hacienda» o reubicarla en zonas altas, priorizando a los pequeños productores de áreas vulnerables como San Luis del Palmar y la Isla Apipé. En tanto, desde el INTA instan a utilizar plataformas de monitoreo satelital como el sistema SAEPGa para anticipar la pérdida de superficie de pastoreo y evitar pérdidas mayores antes de que la saturación de los suelos limite la operatividad en los campos.
